El Cuervo | The Raven
Una vez que promediaba, triste noche yo evocaba fatigado en viejos libros… las leyendas de otra edad. Yo cejaba dormitando, cuando allá un toque blando, un roce incierto y débil a mi puerta oí llamar -A mi puerta un visitante -murmuré- siento llamar… Eso es todo y nada más.
¡Ah es fatal que lo remembre! Fue un tétrico diciembre, yo leyendo combatía mi mortal melancolía, por la virgen clara y única que aquí en vano he de nombrar… la que se oye ¡por los ángeles nombrar! Ah… por ellos y nada más
Y al rumor vago y afelpado del púrpureo cortinado, de fantásticos terrores sentí el alma rebosar… más mi angustía reprimiéndo confórtome repitiendo, -es sin duda un visitante… quien llamando busca entrar, un tardío visitante… que a mi cuarto busca pasar- Eso es todo y nada más
Vuelto en mí no más vacilo y en voz alta ya tranquilo, -caballero -dije- o dama, mi retardo perdonad pues de hecho dormitaba y a mi puerta usted llamaba con tan fino miramiento noble y tímido a la par que aún dudaba fuera un golpe- dije… y la puerta abrí de par en par… más afuera sólo había sombras y nada más.
Largo tiempo ante la sombra duda el ánima y se asombra y medita y sueño sueños que jamás osó un mortal, todo calla taciturno y allí pude quizás un nombre murmurar… y en retorno supe el eco… murmurar… estoy solo y nada más
A mi cuarto volví luego más el alma toda en fuego, sentí un golpe ya más fuerte batir claro el ventanal -¡De seguro! ¡De seguro! -dije- hay algo allí en lo oscuro que a mi persiana ha tocado…- Y el enigma aclaré ya… ¡Corazón! Quieto un instante Y el enigma aclaré ya… es el viento y nada más.
Dejo francos los batientes y batiendo alas crujientes, entra un cuervo majestuoso de la sacra antigua edad, ni a un paso me saluda, no detienen ni duda; y a un busto de Palas que en lo alto de mi puerta fijo está… va y se posa y nada más.
Frente al ave calva y negra mi triste ánimo se alegra, sonreído ante su porte, su decoro y gravedad… -¿no eres…? -dije- algún menguado cuervo antiguo que ha dejado las riveras de la noche fantasmal y señorial… en plutónicas riveras… ¿cuál tu nombre señorial?- Y dijo el cuervo: Nunca más.
Me admiró, por cierto, y aunque así hablara el avechucho no era la respuesta ni el sentido muy cabal… pero en fin… pensar es llano y jamás viviente humano vio por gracia a besta o pájaro quieto allá en el cabezal de su puerta… con tal nombre: Nunca más.
Pero inmóvil sobre el busto venerable el cuervo adusto, supo sólo en esa frase su alma oscura derramar, no dijo más en suma, no movió una sola pluma… y yo al fin: -Cuan muchos otros… tú también me dejarás, perdí amigos y esperanzas… tú también me dejarás…- Y dijo el cuervo: Nunca más
Conturbado al oír ésta respuesta, cabalística respuesta, -aprendió -pensé- las sílabas que repite sin cesar… del algún amo miserable que el desastre inexorable persiguió tanto, tanto que por treno funeral… por responso a sus ensueños… su estribillo funeral era: Nunca más.
Y del cuervo reverendo mi tristeza aún sonriendo, ante puerta, busto y pájaro rodeé luego mi sitial y el amor del terciopelo fue enlazando mis desvelos, mil ficciones indagando ¿Qué buscaba inmemorial? Aquel torpe, lúgubre, rancio cuervo inmemorial… con su eterno: Nunca más.
Mudo ahora esto inquiría, mudo ante él ¡porque sentía me abrazaba su mirar! Esto y más fui meditando, reposándome en lo blando del cojín violeta oscuro que ya nunca oprimirás… del cojín junto a mi lámpara que ya nunca oprimirás… Oh, mi amada… Nunca más.
Y enconé que en el ambiente columpiaban dulcemente, emisarios invisibles incensario de Belial y exclamé: -¡Triste alma mía! Con sus demonios envía, el siniestro, tregua y nepente con el que al fin olvidarás. Bebe, bebe ese nepente y a tu amada olvidarás- Y dijo el cuervo: Nunca más.
Ya te enviará aquí el maldito, ya indomable aunque proscrito, ¡Oh profeta, ave o diablo! -dije- ¡Espíritu del mal! Y a éste páramo embrujado, y a éste hogar de horror colmado, te empujó la tormenta ¡Oh dime! ¡Dime con verdad! Y dijo el cuervo: Nunca más
¡Por el cielo que olvidamos! ¡Por el dios que no adoramos! ¡Oh profeta, ave o diablo! -dije- ¡Espíritu del mal! Di si ésta alma adolorida podrá nunca en otra vida, abrazar a la áurea virgen que aquí en vano he de nombrar, la que se oye ¡Por los ángeles nombrar! Y dijo el cuervo: Nunca más.
¡Partirás pues has mentido! Ve a la noche plutoniana, goza allí la tempestad; Ni una pluma aquí sombría, Abandona ya ese busto ¡Deja en paz mi soledad! Quita el pico de mi pecho ¡Deja mi alma en soledad! Y dijo el cuervo: Nunca más.
Y aún el cuervo… inmóvil calla, quieto se halla, mudo se halla… sobre tu busto… Oh Palas pálida que en mi puerta fija estás, y en sus ojos torvo abismo, suena, suena el diablo mismo y mi lumbre arroja al suelo su ancha sombra pertinaz y a mi alma de esa sombra que allí tiembla pertinaz… no ha de alzarse… ¡NUNCA MÁS!  Edgar Allan Poe 19 de enero de 1809 - 7 de octubre de 1849 |