R·D·T·:· Actio Mutatorium

Mutación Constante




› Home | Inicio › Novedades › Artículos Cine Colaboraciones Ensayos Internet Inmigrantes Digitales Partido Pirata PHP Web 2.0 José Pablo Feinmann Literatura Música › Galería › Links | Enlaces › Archivos RDT › Agenda › Contácto › Tu cuenta › Mapa del sitio › Buscar › LA BRUJULA

R·D·T·:· Actio Mutatorium-::- Artículos » Internet » Inmigrantes Digitales

Inmigrantes Digitales



Inmigrantes vs. nativos digitales II: el periodismo participativo y el consumo/producción futuros de información



media.gif La anécdota parece minúscula..., pero de cuántos detalles está hecha la verdadera historia de las innovaciones. Probablemente no fue la primera vez en que ocurrió; tampoco es posible decidir en forma inequívoca la causalidad, y seguramente habrán existido otras instancias donde la catálisis de la información difundida en tiempo real modificó decisiones sustantivas de audiencias y públicos.

Sin embargo, por la precisión del testimonio y por lo comprobable de las cadenas de intervenciones que lo definieron, conviene tomarlo y empezar a tejer una nueva maraña de pautas que conectan nuestras ideas –que recibieron muchos comentarios a favor y algunos en contra– acerca de inmigrantes vs. nativos digitales.

Blogs que matan
El 26 de marzo del 2002, en la conferencia anual PC Forum, en Phoenix, Joe Nacchio, un ejecutivo de telecomunicaciones –en ese entonces la cabeza de Qwest Communications– fue blanco de comentarios mordaces provenientes de un par de escritores de weblogs que estaban en la sala y que consideraron poco convincentes sus intervenciones.

Joe Nacchio estaba quejándose de lo difícil que era conseguir fondos de inversión para continuar administrando un monopolio que manejaba las comunicaciones telefónicas en cerca de 15 estados de los EE.UU. Doc Searls, un escritor de revistas, y Dan Gillmor -autor del reciente e importante We the media. Grassroots journalism by the people, for the people (O Reilly, 2004), con versión resumida en http://www.hypergene.net/wemedia/espanol.php?id=P53 actualizaban sus blogs mediante la red inalámbrica instalada en la sede de la conferencia.

Un abogado y desarrollador de software llamado Buzz Bruggeman, que "observaba" los eventos desde su oficina en Florida, les envió a ambos por correo electrónico una nota señalando una página web que mostraba que Nacchio había recibido más de U$S 200 millones de efectivo por la venta de acciones de Qwest mientras el precio de las mismas estaba cayendo en picada (en julio del 2005 una de las directivas de Qwest Communications fue a juicio, y reveló que la estafa alcanzaba a varias personas y sumaba en total más de U$S 3.000 millones.

Tanto Searls como Gillmor publicaron esa información en sus weblogs. Muchos en la audiencia estaban conectados en línea, y ante el aburrimiento y la desconfianza que provocaban los dichos de Nacchio le dieron más que crédito a esa información y la aprovecharon para vapulear en persona a Nacchio, quien vio de pronto cómo la audiencia lo hostilizaba con vehemencia.

Este ejemplo, junto a varios más, puso de manifiesto el poder de los blogs, una forma de periodismo participativo cuya popularidad ha explotado en los últimos años. Y mostró cómo estas técnicas están cambiando irrevocablemente la naturaleza del periodismo, porque están dando un enorme nuevo poder a una audiencia que había sido principalmente pasiva en el pasado.

Inversión de los flujos informativos
Estas dinámicas impensables hasta fecha reciente revelan tendencias y mecanismos profundamente asociados a la descentralización y a procesos emergentes, que empiezan a difundirse en muchos ámbitos pero que recién ahora están modificando de forma brutal el flujo informativo, los procesos de certificación y calibración de antecedentes, la velocidad en la toma de decisiones, la erosión progresiva de la visión y perspectiva de los expertos, y que en poco tiempo más modificarán en forma irreversible la génesis de las políticas, y sobre todo los procesos de socialización, formación, educación, entrenamiento y toma de decisiones.

La tradicionalmente centralizada recolección y distribución de noticias (pero también de contenidos curriculares, de competencias intelectuales, de valores y hasta de visiones del mundo a través de la religión) está siendo complementada (y en algunos casos será reemplazada) por lo que está pasando en la periferia de las redes cada vez más ubicuas.

La gente está combinando poderosas herramientas tecnológicas e ideas innovadoras, alterando fundamentalmente la naturaleza del periodismo (pero también de la educación, la política, la gestión cultural, la innovación) en este nuevo siglo. Hay nuevas posibilidades para cada uno en el proceso: periodista, protagonista de las noticias y el e-consumidor activo de ellas, que no están satisfechos con el producto de hoy o que desean hacer algunas noticias, también.

Lo mismo sucede con los conocimientos especializados, que mejor que nunca antes pueden derribar los muros del aula. Y mucho más aún con las lecturas políticas y la auscultación de las credenciales de los portavoces políticos, que pueden ser defenestrados, evaluados, reciclados y execrados con una facilidad inexistente hasta hoy.

Uno de los más excitantes ejemplos del entendimiento de los protagonistas de las noticias de las posibilidades fue la campaña presidencial de Howard Dean, el primer candidato-blogger serio, que abrazó la descentralización para el beneficio masivo de su nominación.

Nuevos estándares de confianza y verificación
Por supuesto que la fuerza de este cambio tiene inmediatamente su antídoto. Y los primeros en poner palos en la rueda son los defensores de las corporaciones tradicionales (editores y periodistas, maestros y sindicatos, políticos profesionales y financiadores de campañas), que arrojan dudas (a veces ciertas y a considerar) respecto de la confianza y la veracidad de la información.

Como bien dice Gillmor, tendremos que desarrollar colectivamente nuevos estándares de confianza y verificación. Claro, los abogados harán algunas de estas nuevas reglas.

Mientras, las organizaciones de medios dominantes –hoy lideradas por Hollywood– están abusando de las leyes de derechos de autor para neutralizar algunas de las tecnologías más útiles en esta nueva era; y los gobiernos protegen cada vez más sus actividades de la vista pública y hacen reglas que deciden efectivamente quién es un periodista, un educador, un profesional. También para abrir la boca o escribir una nota se exigen doctorados (cada vez más virtuales) o formaciones profesionales interminables que parecen mucha s veces hechas más para disuadir que para fortalecer tanto la confianza como la verificación.

Si lo que J.D. Lasica dice en Darknet es tendencialmente cierto, pronto se nos vendrá encima -antihabermasianamente y muy orwellianamente- un escenario en el que antes de publicar nada en ningún lado necesitaremos el imprimátur digital de los Grandes Medios y el Gran Gobierno.

Como la historia tiene sus infinitos corsi e ricorsi, es más que probable que la tecnología sea incontrolable en el largo plazo, y dado que a la gente le gusta contar historias, ninguna censura (aunque la peor fue la quema de los soportes como en Fahrenheit 451) impediría la difusión de los puntos de vista.

Eso sí: la nueva audiencia estará fragmentada más allá de cualquier cosa que hayamos visto, pero las noticias serán más relevantes que nunca.

Demografía digital, consumo de información y tejido ciudadano
Todo lo anterior está más o menos claro, pero todavía no hemos hecho un engarce que es clave. A saber, la relación que existe entre la producción y el consumo de información, la dotación cognitiva y el espectro de intereses de las generaciones digitales que han convivido y crecido –en sus primeros 20 años de vida– de la mano de la computadora personal e internet. Urge desentrañar cómo la combinación de esta nueva generación de nativos digitales con sus competencias tecnológicas excepcionales los lleva a tener un consumo de la información totalmente distinto de los nuestros, y consiguientemente cómo afectará en forma irreversible la toma de decisiones en la sociedad democrática (y en la forma en que esta se concebirá).

Aunque los paralelismos son ingratos y no necesariamente bien fundados, en los EE.UU. ya tenemos datos más que contundentes que muestran que los nativos digitales no sólo no consumen información como los inmigrantes digitales, sino que su desinterés probablemente definitivo por los diarios (y también eventualmente por los libros) supone un choque radical respecto de todos los procesos de socialización cognitiva, y muy especialmente también de transmisión cultural -para desesperación de Regis Debray y sus adláteres.

Las principales dimensiones a tener en cuenta en esta mediamorfosis son que: 1) existen nuevos modos de acceder a la información a través de portales de internet, PDA´s, blogs y mensajería instantánea, que cuestionan para siempre los modelos de negocios existentes de funcionamiento de los medios; 2) las nuevas tecnologías han hecho posible nuevas formas de almacenar y distribuir información, abriendo el terreno del periodismo de base o ciudadano y multiplicando los weblogs (Technorati inventaría al día de hoy 16 millones de weblogs), cambiando la idea misma de producción de información y noticias (ver el informe de Frank N. Magid preparado para la Carnegie Corporation of New York sobre una muestra de 18-a-34-años acerca de la recepción presente y futura de noticias).

La digitalización trajo una nueve peste
Aquí, como en nuestro ensayo anterior, la visión generacional combinada con la formación profesional es tan ortogonal como para provocar escalofríos. Porque para los recién egresados de las escuelas de periodistas, para los hijos (reales o simbólicos) del periodismo de precisión o de investigación, especializado o generalista, las nuevas fuentes electrónicas son la peste.

En cambio, para los nativos digitales que se han iniciado hace ya rato en estos menesteres (es cada vez más común encontrarnos con adolescentes de 15 años que no sólo programan sino que también inventan aplicaciones, generan videojuegos o arman sitios de difusión de sus ideas) las tendencias aquí inventariadas son por el contrario liberadoras.

Esto también se convierte en una evidencia contundente de que la lucha contra los viejos oligopolios (culturales, educacionales, periodísticos y políticos) pasa por una reconfiguración de paradigmas (como nos señala Scott Lash en Crítica de la información) pero al mismo tiempo por un empowerment tecnológico que no tiene parangón en la historia previa, por la potencia socializadora de las herramientas existentes, y por su carácter masivo y a medida que nunca existió previamente.

¿Maniqueísmo o empowermente?
A algunos esta divisoria nativos/inmigrantes les suena a reduccionismo generacional; a otros les parece un intento de reestablecer maniqueamente la guerra contra los padres (como analiza valientemente Alexander Mitzserlish), o incluso a algunos más cínicos que nosotros, una auténtica reedición del Diario de la guerra del cerdo.

En esa novela emblemática de Adolfo Bioy Casares, una mañana, Isidro Vidal, jubilado sedentario y benévolo, descubre que el proceso de sustitución generacional se ha acelerado. Hordas de atléticos muchachos recorren Buenos Aires a la caza de viejos débiles y lentos. Obligados a improvisar una desesperada defensa, Vidal y sus amigos deberán aprender a moverse por una ciudad fantasmagórica, apenas iluminada por las antorchas de una guerra invisible, tan real como simbólica. Una guerra que se libra contra grupos rivales pero también contra un enemigo común: el inexorable paso del tiempo.

Lo cierto es que la población de 18-a-34 años actual (e imagínense cuando tome su relevo la que hoy tiene entre 6 y 18 años) tiende a usar a internet como fuente primaria de información (y en muchos casos de instrucción), sin que los diarios y la TV les hagan mucha mella. Por supuesto que nada es unilineal en estos tiempos de confusión y muchos de los integrantes de la muestra ponen bastante énfasis en informarse algunos días por semana con la TV local (o los diarios locales).

Mientras, el irreversible ascenso de la banda ancha (como el de Arturo Ui) permite que sitios web de interés general como Yahoo.com y MSN.com sean la fuente de noticias más citada por esta franja etaria.

Más allá de las mediciones puntuales, de las protestas y alegrías que para viejos y nuevos negocios esto puede suponer, desde un punto más macro y desde la atalaya de la filosofía política, lo que estos movimientos de la economía de la atención presagian son nuevos problemas e incógnitas acerca de cómo se desplegará la democracia a partir de vaivenes tan inesperados como estos en los flujos de información.

La democracia en la era de las desorganizaciones
Sobre todo cuando investigadores serios y que saben de lo que hablan (a diferencia del opinionismo que hoy reina en los medios pero también en las universidades) insisten –como es el caso de Ernesto Laclau en su apasionante La razón populista (FCE, 2005)– en que las herramientas ontológicas actualmente disponibles son inservibles para el análisis político (en referencia a la incapacidad de la teoría política y social de pensar el populismo), lo que se ve agravado cuando esta invisibilización está aumentada por las interferencias (cada vez más constitutivas) de la tecnología en la construcción de lo real.

Estamos asistiendo efectivamente en los últimos 5 años (nada casualmente a partir del atractor del 11-S) a una revolución de las noticias y del discurso publico. A diferencia de los inmigrantes digitales que aún seguimos inventando nuestra agenda de preocupaciones diarias leyendo titulares, escuchando a esos mismos titulares ser copeteados o interpretados de manera más o menos light en la TV y la radio, las generaciones digitales buscan (y encuentran) noticias bajo demanda, pero también un nivel de performatividad (que los que las trasmitan tengan cierto grado de transparencia y compromiso en su vehiculización) que dificulta enormemente la credibilidad de los adultos pero sobre todo de los medios tradicionales y de los argumentos inveterados al momento de formar opinión.

Podrá gustarnos o no. Muchos insistirán en que los cambios son cosméticos y que la esencia de las cosas nunca cambia (ni debe cambiar). Pero sabiendo que la edad promedio de los lectores de diarios, de la TV de aire y de cable es de 53 años, y que los baby boomers leen los diarios 1/3 menos que sus padres, y que los miembros de la Generación X lo hacen 1/3 menos que los baby boomers, el panorama se presenta dantesco para más de uno.

Tocando la lira mientras Roma arde, sin saber que Roma arde y que estamos tocando la lira
Los diarios, salvo alguna honrosa excepción que obviamente no señorea en nuestro país, se defienden como pueden, no modifican un ápice su modelo de negocios y apuestan siempre a las mismas soluciones que nunca funcionaron para aumentar su audiencia. Algunos, astutamente (aunque por otras razones), se han agenciado ya de una compañía celular siendo que en esos híbridos y cruces seguramente están en los nuevos formatos apropiados para las generaciones interneteanas.

Aunque cada tanto los diarios de los medios tradicionales apostaban al envejecimiento de su audiencia para asegurarse una retromigración al papel, los datos micro son mucho más dantescos y negativos de lo que cualquiera podría imaginarse. Entre 1972 y 1998, el porcentaje de gente entre 30 y 39 años que lee diarios bajó del 73% al 30%. Más cercano en el tiempo, entre 1997 y el 2000, el porcentaje de chicos de 18-a-24-años que afirmaron leer el diario del día anterior bajó un 14% (según datos de la Newspaper Association of America).

Aunque parecería tratarse sólo de una anécdota, queda vez más claro que los hábitos de lectura de las nuevas generaciones (y de ello es responsable en una enorme medida la red) han cambiado irreversiblemente y nunca más volverán a los viejos y supuestamente felices tiempos de la modernidad letrada.

La curiosidad se dice de muchos modos.
El medioactivismo

Contrariamente a lo que se supondría, esto no significa que los jóvenes no son curiosos o que no se fascinan por las noticias. Pero "noticias" aquí tiene poco y nada que ver con lo que nosotros llamábamos así. Para ellos la noticia es algo que se consigue dónde y cuando ellos quieren. Antes las noticias venían por nosotros, ahora nosotros vamos a buscarlas, cuando no a coproducirlas (que es el leit motiv del libro de Dan Gillmor We the media Grassroot journalism by the people for the people).

Lo más llamativo de este proceso es la desconexión que se está dando entre prensa libre e instituciones democráticas, desde el momento en que los políticos (y aun los en campaña, como fue el caso de Howard Dean) prefieren muchas veces hacerle cortocircuito a la prensa tradicional comunicándose a través de sus propios sitios en internet, de talk shows o a través del último juguete comunicacional, como lo son los weblogs.

Varios jovenólogos, como Betsy Frank –antes en MTV y ahora en Viacom– insisten en que los nativos digitales y sus pares ligeramente mayores son medio-activos, y que la revolución en los medios los afecta de tantas maneras convergentes, siendo que las noticias para ellos juegan un rol muy secundario, mientras que la familiaridad y la confianza en la tecnología no dejará de crecer con el tiempo, volviendo esta situación irreversible.

Por ello otros analistas y partícipes necesarios en la movida insisten en que los jóvenes son impresionistas de la información, que la recolectan a partir de impresiones variadas (una imagen por aquí, un sms por allá, una frase en un chat, una historia en un sitio web o un titular fisgoneado de pasada tienen igual o más peso que la lectura pausada, razonada, lenta y desgranada de antaño, que algunos adultos seguimos haciendo hoy).

Que la agenda temática de la gran prensa puede sufrir vuelcos llamativos es algo que vivimos en los 80 y 90 con la invención de la noticia económica para todos (esto había sido anticipado en la Argentina en al menos una década con el Rodrigazo) y con la tecnologización de una agenda que estamos viviendo desde la invención de internet.

Pero aquí estamos hablando de otra cosa, a saber: de una reconversión de las formas de contar historias (género predominante en la veta periodística) para que incluyan mayor interactividad, participación cívica, inclusión de periodistas juveniles y el uso de la música, la puntuación innovadora y elementos gráficos y de presentación mucho más llamativos que los que tenemos hoy (teniendo siempre como horizonte los diarios de pantalla digital flexible y de carga instantánea de información inalámbrica, como despuntan en Minority Report).

Lo que importa no son los medios sino los fines
Aunque por estas pampas aún no vimos el efecto, seguramente el eco se sentirá más temprano que tarde, y en EE.UU. tanto la campaña frustrada de Howard Dean como los ejercicios de movilización ciudadana a través de la red, que finalmente le dieron la victoria a Bush, se debieron en gran medida a los usos (más o menos manipulativos) de la red.

Los números siempre frescos del The Pew Internet and American Life Project: http://www.pewinternet.org/ muestran cómo los adolescentes de 18-a-34 años con acceso a banda ancha usarían la red como fuente de acceso a la campaña.

En USA la campaña 2004 fue una compuerta evolutiva. y los admiradores de conductores de TV (como aquí podrían ser Tinelli o Susana Giménez) y que a su vez consumen weblogs políticos, ya sea a la izquierda como Talking Points Memo, o a la derecha del espectro político, como Power Line, han cambiado irreversiblemente su visión y consumo de las noticias. Ninguno de ellos se basa en fuentes únicas, ya que para ambos es indiscernible e indeseable separar el dato de la interpretación, la realidad de su ficcionalización.

Mas allá de la objetividad y la veracidad periodísticas.
Nuevos modelos y formatos

Lo que está aquí en tela de juicio es la noción misma de entendimiento, y curiosamente se desacreditan en forma notable las de objetividad y de veracidad periodística, lo que para los oídos de los adultos suena a sacrilegio y pecado combinados, pero que en el criterio de las nuevas generaciones suena como abandono del cinismo y del doble lenguaje y al mismo tiempo como asunción y compromiso de las propias contradicciones (en este momento se está dando aquí el fenómeno en relación con la operación mediática en contra del obispo Maccarone, que la Iglesia execra como trama, aunque la feligresía más coherente insiste en ver en su contradicción profunda con la preceptiva católica). Un equivalente yanqui de esto fue el invento del récord militar anti Bush fraguado por CBS-Dan Rather y denunciado por los bloggers, especialmente en el caso de Jon Stewart.

En la misma dirección va el fenómeno (un poco desdentado aquí) del diario gratuito. Cerca de 50 diarios, empezando por Metro Internacional han lanzado ediciones cuyo principal objetivo es introducir a profesionales jóvenes a publicaciones que concentran en titulares, meteorología, resultados de partidos y noticias que se pueden usar sobre la marcha. Se trata de un fenómeno disparado por la experiencia de internet y con el mismo formato y objetivo: brindar instantáneas de lo que pasa en el mundo de la cultura, las noticias y el entretenimiento y dejarlo a antojo de los consumidores.

Aunque las tiradas oscilan entre las decenas de miles y los 150.000 ejemplares, estos intentos son los primeros ejercicios efectivos de contrariar el colapso de los lectores. Lo que la industria avizora son múltiples productos a medida, usos cada vez más fuertes de las imágenes y sobre todo una cobertura inusitada y profunda articulando diferentes puntos de vista, y especialmente rompiendo las fronteras disciplinarias y temáticas, construyendo nuevas pautas que conectan.

Los jóvenes no sólo están abjurando de los diarios, sino también de la televisión generalista y pasotista, y por eso cada vez más las televisoras que tienen en su seno portales o sitios llevan las de ganar, y uno de sus canales privilegiados es la banda ancha que en los EE.UU. ya alcanza a más del 20% de lo audiencia y que en nuestro país recién está arañando el 5% (un buen ejemplo es ABC News Now de ABC News).

Fragmentación es el nombre del juego,
¿y a la comunidad que la parta un rayo?

La conclusión de este largo excurso es más que evidente. Los diarios y otras organizaciones de noticias deberán empezar a programar para sus distintos estratos demográficos si quieren mantener, o al menos no perjudicar indefinidamente sus ya escuálidas alforjas de lectores y televidentes.

Aunque nadie se imagina el formato ni el nombre del ganador, seguramente en este terreno mucho más que en otros lo que necesitamos es una disrupción radical, como lo fue CNN hace 20 años atrás y como el iPod tomó al mundo por sorpresa hace sólo tres. En este caso, de lo que se trata es de una combinación traumática y compleja de editores en papel, productores televisivos, periodistas digitales y tecnólogos de distinto tipo y ralea.

Las conclusiones no sorprenden demasiado, pero de lo que nadie está muy convencido es de cómo modificar en forma consistente y sostenida la ecología de los medios. Porque las nuevas generaciones, más que ser blanco de las noticias quieren ser coprotagonistas, sino de su producción al menos de su difusión y consumo.

Siguiendo ejemplos como el del celebérrimo OhmyNews coreano, que en 5 años se ha armado una plantilla de 36.000 reporteros ciudadanos, The Bakersfield Californian lanzó The Northwest Voice (http://www.northwestvoice.com), un semanario con sitio en internet, la mayor parte de cuyo contenido es generado por la comunidad y subido a distancia.

También tenemos el ejemplo de The Command Post, un sitio creado por una red mundial de bloggers que cubren noticias y se vinculan con otros sitios que añaden información.

Ambas apuestas son osadas y apuntan precisamente a un grupo de la franja etaria paradigital que no sólo domina las herramientas, sino que también quiere participar activamente y requiere nuevos proyectos vinculados a servicios de información diseñados para la red o para la transmisión vía celular o multimedial. Lo que seguramente veremos emerger aquí son servicios sobre la banda ancha con voces únicas y ligados a blogs relacionados con temas especificas de toda ralea.

Que florezcan miles de puntos de intersección
Lo que falta aquí –como bien anticipa Frans Johansson en su fascinante The Medici effect Breakthorugh insights at the intersection of ideas, concepts and culture (Harvard Business School Press, 2004) son puntos de intersección que permitan religar a los mundos siempre disjuntos de la investigación, la educación y las organizaciones de noticias.

Nos guste o no, lo creamos o no, estemos o no preparados para ello, como resultado de una socialización cognitiva diferencial, que sólo puede profundizarse con el paso del tiempo (imagínense dentro de 20 años cuando los nativos digitales sean cuarentones), el moldeo tradicional del diario basado en los clasificados y los avisos de trabajo no sólo no volverá sino que podría estar en camino de la desaparición. Sólo en San Francisco la famosísima craiglist le está costando a los diarios pérdidas anuales de entre U$$ 50 y U$S 65 millones.

Vemos aquí una pata más que interesante y problemática. La demografía está modificando no sólo intereses sino también capacidades. La percepción se diferencia y los gustos y motivaciones mutan. Pero el caso del consumo de información y noticias no es una caso más y no puede reducirse a otros consumos, tendencias o modas. El consumo de información ha sido en la era moderna constitutivo de la creación de la opinión pública.

Durante siglos esta opinión pública se fortaleció con la prensa escrita, que luego se complementó con la radio y la TV, pero al mismo tiempo se debilitó y ahora entra en crisis terminal debido a los multimedia, internet y sobre todo la banda ancha, y –mucho antes de que el fantástico periódico a medida se concrete finalmente– la propia noción de democracia y de vida comunitaria se verá profundamente afectada. Y no necesariamente para bien.

Convendrá seguir explorando y pasar ahora del consumo de información y noticias al de otros consumos culturales e intelectuales más sofisticados aun, para terminar de armar el rompecabezas de por qué la democracia (y la tensión entre nativos e inmigrantes digitales) es más que una hipótesis teórica un área de divergencia cultural y de conflicto de proporciones colosales.

Fuentes
Esta nota está basada en el informe de Merrill Brown Abandoning the News Carnegie Reporter, Vol. 3, No. 2
La siguientes referencia fueron sistematizadas por Ivan Adaime
"Nosotros el Medio", Cómo las audiencias están modelando el futuro de las noticias y la información, la versión en español de "We the media" de Dan Gillmor.
Falso documental que plantea la muerte de los periódicos tradicionales: Epic 2014
"Los bloggers, un nuevo desafío para la prensa", publicado en La Nación el 31 de mayo de 2005, por José Claudio Escribano
"Blogs, el sueño del medio propio", publicada en Revista Ñ, 4/6/2005:
Weblogs de periodistas de medios tradicionales: El caso de Kevin Sites La otra cara de la (des)información:

FUENTE: Portal Educ.ar



R U T A · D E · T R A S N O C H E Radio del Plata Rosario, 107.5
Rosario | Sta. Fe | Argentina






sonora
registro de sonidos
Jaxolotl Design
Desarrollo WEB | SEO
Cines Monumental
AVE Comunicación
Fernet Gabutti
El que te pega con Tutti
*|* 100% Artesanal *|*
:: En Esta RUTA - 2000 Rosario - Tel. 54-9-0341-156.442125 - ::

RDT
Valid CSS! Jaxolotl Design
Developed by: Jaxolotl Design

Powered by: Kite Box CMS

Valid HTML 4.01!