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GUIA #2



DEL USUARIO PARA EL NUEVO MILENIO

Por J. G. Ballard

¿El ratón que aburre?

Walt Disney: el príncipe oscuro de Hollywood
Marc Eliot
 En Esta Ruta :: R·D·T
"¡Caramba, esto perfeccionará a Beethoven!", exclamó Walt Disney al ver por primera vez la secuencia de la Sinfonía Pastoral en Fantasía. Por extraño que ahora parezca, esta fe conmovedora en el poder de su cine de animación estaba más que justificada durante el largo reinado de Disney como monarca de los dibujos animados. Además de Coca-Cola, otro mito moderno, Walt Disney debe de ser la marca más famosa del siglo veinte, identificada con los recuerdos más felices de un sinnúmero de infancias.

Así y todo, ¿está perdiendo la magia de Disney el control sobre la imaginación de los jóvenes? Euro Disney, el turbulento parque temático cercano a París, fue descripto por un disgustado crítico francés como una Chernobyl cultural, aunque tal vez una Stalingrado cultural sería más fiel a la verdad: el campo de batalla en que el implacable avance de la cultura popular norteamericana fue detenido por fin y ha debido retroceder. Supongo que el Ratón Mickey y el Pato Donald ya no satisfacen a los niños de hoy, cuyas retinas titilan con los fantasmas electrónicos de los videojuegos. Ahora rige el Super Nintendo, y el imperio de Disney mercantiliza la nostalgia.

 A pesar de lo entrañables que son las criaturas del panteón de Disney, su creador fue un personaje más oscuro y ambiguo, como revela Marc Eliot en su despiadada biografía. Lejos de ser el tío más favorito del mundo, Disney fue un antisemita a ultranza y un enemigo acérrimo de los comunistas, y durante veinticinco años actuó como espía en Hollywood para el FBI de J. Edgar Hoover. Eliot describe la infancia brutal de Disney, su obsesión por lavarse las manos, su enorme afición a la bebida y la incertidumbre acerca de su propio origen. El tema del abandono, presente en tantas películas de Disney, pudo deberse a la sensación de su propia infancia perdida.

Eliot rastrea los antepasados de Disney hasta Jean-Christophe d'Isigny, quien recibió el nombre de la aldea en Normandía y se quedó en Inglaterra tras la conquista normanda y dio forma inglesa al nombre. Sus descendientes emigraron a Estados Unidos en el siglo XIX, y el padre de Walt fue un carpintero y campesino sin éxito, un hombre violento y alcohólico que pegaba y aterrorizaba a su hijo. Afortunadamente, el niño dio muestras de un talento precoz para el dibujo, y a su debido momento se hizo un artista comercial de éxito con las películas de animación Little Red Riding-Hood y Puss in Boots. Un socio llamado Ub Iwerks creó el famoso ratón, pero fue el genio empresarial de Disney el que transformó unos cuantos bosquejos en una estrella tan grande como ninguna otra en Hollywood.

Al tiempo que les pagaba unos sueldos de hambre a los animadores, Disney supervisaba la producción de los primeros largometrajes de animación, Blancanieves y Pinocho. En la década de los treinta ya era mundialmente famoso, conocía al Papa, a Mussolini y a H. G. Wells. Aceptó una medalla especial de la Liga de las Naciones usando la voz del Ratón Mickey.

A pesar de su inmenso éxito, Disney se sentía atormentado por un sentimiento de fracaso personal, pues sospechaba que era hijo ilegítimo y que su verdadera madre era una inmigrante empobrecida de Mojácar, en el sur de España, a quien su padre había conocido en California mientras buscaba trabajo. Gracias a su amistad con Hoover, los equipos del FBI fueron con frecuencia a Mojácar en un esfuerzo por localizar el origen de Disney. Pero cuando murió, en la cúspide de su fama, aún estaba inseguro sobre sus verdaderos padres: el creador de los sueños más grandes del mundo de la infancia nunca conoció realmente la suya.

Daily Telegraph
1994


FUENTE: P/12



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